Fragmento del filósofo Bertrand Russell (1872-1970), que profundizó en la filosofía de las matemáticas, el lenguaje y la ciencia, y conservó su lucidez hasta el final de su longeva vida. Su obra ”Retratos de memoria y otros ensayos” (1956) es una brillante colección de reflexiones de una persona muy mayor y muy sabia, que Russell escribió con más de 80 años. A los 95 años escribió su autobiografía, cuyo prólogo pegamos traducido a continuación.

Texto original por ejemplo en: http://www.zimbio.com/Philosophy/articles/78/Bertrand+Russell+Lived

Tres pasiones, simples pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el deseo de amar y ser amado, la búsqueda del conocimiento, y una compasión irrefrenable por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han zarandeado de acá para allá, en errática navegación, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.

Busqué el amor, primero, porque trae consigo el éxtasis -un éxtasis tan grande que muchas veces habría sacrificado el resto de mi vida por unas pocas horas de este gozo-. Lo busqué, también, porque el amor alivia la soledad -esa terrible soledad en la que el tembloroso ser que tiene conciencia de sí mismo se asoma al borde del universo y ve un frío abismo sin fondo y sin vida-. Y lo busqué, finalmente, porque en la unión del amor he visto, en una miniatura mística, la visión anunciadora de ese cielo que santos y poetas han imaginado. Eso es lo que busqué, y, aunque parezca quizá demasiada dicha para el hombre, eso es lo que -al fin- he encontrado.

Con el mismo apasionamiento busqué el conocimiento. He deseado comprender el corazón del hombre. He querido saber por qué brillan las estrellas. Y he intentado apoderarme del poder pitagórico gracias al cual el número triunfa sobre el flujo. Algo de esto he conseguido, aunque no mucho.

El amor y el conocimiento, en cuanto estuvieron a mi alcance, me elevaron hacia arriba, a los cielos. Pero la compasión me devolvía siempre a la tierra. Ecos de gritos de dolor reverberan en mi corazón. Niños hambrientos, víctimas torturadas por opresores, ancianos inválidos que son sólo una carga odiada para sus hijos, y todo ese mundo de soledad, pobreza y sufrimiento convierte en burla lo que la vida humana debería ser. Aspiro con toda mi alma a aliviar el mal, pero no puedo, y sufro.

Esta ha sido mi vida. La juzgo digna de haberse vivido y, si se me diera la oportunidad, volvería a vivirla con gusto.

Bertrand Russell.