De la TV y sus demonios: Reflexiones de Carl Sagan

Hace 2 años

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En este pasaje del libro “El mundo y sus demonios”, Carl Sagan expone la naturaleza de la televisión a través de la entrega distorsionada de información. Ahora que los supuestos canales científicos como “Natgeo” e “History”, no hacen sino articular su programación entre misterios apocalípticos y paranoia ovni, vale la pena esta reflexión para comprender el uso que el sistema monetario actual ha tenido de la cajita feliz.

Así quizás nos resulte más fácil comprender el origen de los pánicos apocalípticos y espaciales que rondan nuestra cultura en general. Claramente, este estado de demencia colectiva ¡no es culpa de San Juan ni de los seres de otro planeta!

< (…) Una serie llamada “The X Files” (“Expedientes X”), que presta un flaco servicio al examen escéptico de lo paranormal, se inclina claramente hacia la realidad de las abducciones por extraterrestres, los poderes extraños y la complicidad gubernamental para encubrir prácticamente todo lo que pueda ser interesante. Lo paranormal casi nunca resulta ser un engaño o una aberración psicológica o una mala interpretación del mundo natural. Sería mucho más acorde con la realidad, además de un servicio público mucho mayor, una serie para adultos (como hace “Scooby Doo” para niños) donde se investigasen sistemáticamente las afirmaciones de fenómenos paranormales y se encontrara en cada caso una explicación en términos prosaicos.

La tensión dramática residiría en el descubrimiento de cómo las malas interpretaciones y engaños podían generar fenómenos paranormales aparentemente genuinos. Quizá podría aparecer un investigador siempre decepcionado con la esperanza de que la vez siguiente un caso paranormal sin ambigüedades pudiera sobrevivir al escrutinio escéptico. Hay otros defectos evidentes en la programación de la ficción científica de la televisión. “Star Trek”, por ejemplo, a pesar de su encanto y su acusada perspectiva internacional y entre distintas especies, ignora a menudo los hechos científicos más elementales.

La idea de que Mr. Spock pueda ser un cruce entre ser humano y una forma de vida de evolución independiente en el planeta Vulcano es genéticamente mucho menos probable que cruzar con éxito un hombre y una alcachofa. La idea, sin embargo, sirve de precedente en la cultura popular a los híbridos extraterrestres/humanos que más tarde se convirtieron en una componente central de la historia de la abducción por extraterrestres. Debe de haber docenas de especies extraterrestres en las distintas series televisivas y películas de “Star Trek “. Casi todas son variantes menores de humanos.

La causa debe ser una necesidad económica -el coste se reduce a un actor y una máscara de látex- pero es un bofetón en la cara de la naturaleza estocástica del proceso evolutivo. Si hay extraterrestres, creo que casi todos tendrán un aspecto devastadoramente menos humano que los Klingon y Romulanos (y estarán en niveles totalmente distintos de tecnología). “Star Trek” no se enfrenta a la evolución. En muchos programas y películas de televisión, incluso la ciencia casual -las frases que no son esenciales para un argumento ya desprovisto de ciencia- se hacen con incompetencia. Cuesta muy poco contratar a un licenciado que lea el guión para conseguir una exactitud científica. Pero, por lo que yo sé, eso no se hace casi nunca.

Como resultado, tenemos pifias como mencionar “parsec” como una unidad de velocidad no de distancia en la película -ejemplar en muchos otros aspectos- La guerra de las galaxias. Si esas cosas se hicieran con el mínimo cuidado, incluso se podría mejorar el argumento; ciertamente, podrían ayudar a transmitir un poco de ciencia a una gran audiencia. En la televisión hay gran cantidad de pseudociencia para los crédulos y una cantidad razonable de medicina y tecnología, pero prácticamente nada de ciencia, especialmente en los grandes canales comerciales, cuyos ejecutivos tienden a pensar que programar ciencia significa un descenso de audiencia y la pérdida de beneficios, y no les importa nada más.

Hay empleados de emisoras con el título de “corresponsal científico”, y un programa de noticias ocasional que se dice dedicado a la ciencia. Pero casi nunca se habla de ciencia en ellos, sólo de medicina y tecnología. Dudo que en los canales haya un solo empleado cuyo trabajo sea leer el ejemplar semanal de Nature o Science para ver si se ha descubierto algo digno de mención. Cuando se anuncian en otoño los Premios Nobel de Ciencia, hay un “gancho” de noticia perfecto para la ciencia: una posibilidad de explicar por qué se dieron los premios. Pero, casi siempre, lo máximo que oímos es algo así como: “…ojalá se llegue pronto a descubrir un remedio para el cáncer. Hoy en Belgrado…”. >> (Págs. 403-405)

<<(…) Entre las tendencias que trabajan al menos marginalmente por la implantación de una serie muy limitada de actitudes, recuerdos y opiniones se incluye el control de las principales cadenas de televisión y los periódicos por un pequeño número de empresas e individuos poderosos con una motivación similar, la desaparición de los periódicos competitivos en muchas ciudades, la sustitución del debate sustancial por la sordidez de las campañas políticas y la erosión episódica del principio de la separación de poderes. Se estima (según el experto en medios de comunicación americano Ben Bagdikian) que menos de dos docenas de corporaciones controlan más de la mitad “del negocio global de diarios, revistas, televisión, libros y películas”.

Tendencias como la proliferación de canales de televisión por cable, las llamadas telefónicas baratas a larga distancia, las máquinas de fax, las redes y boletines informáticos, la autoedición a bajo precio por ordenador y los ejemplos de programas universitarios de profesiones liberales tradicionales podrían trabajar en la dirección opuesta. Es difícil saber en qué va a acabar todo. El escepticismo tiene por función ser peligroso. Es un desafío a las instituciones establecidas. Si enseñamos a todo el mundo, incluyendo por ejemplo a los estudiantes de educación secundaria, unos hábitos de pensamiento escéptico, probablemente no limitarán su escepticismo a los ovnis, los anuncios de aspirinas y los profetas canalizados de 35.000 años. Quizá empezarán a hacer preguntas importantes sobre las instituciones económicas, sociales, políticas o religiosas. Quizá desafiarán las opiniones de los que están en el poder.>> (Pág.448)

Del libro: El mundo y sus demonios; Carl Sagan; Ed. Planeta, 1997.

Recomendación de Melkin Buitrago desde Colombia

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  • gaby626 dice:

    no es el escepticismo lo que se debe sembrar en las personas, más bien hay que sembrar la sana duda, a partir de ésta se investiga y se puede llegar a sacar tus propias conclusiones